El debate que se viene sobre la distribución de utilidades en Paraguay no es, en esencia, un debate tributario. Es un debate sobre el diseño inteligente del sistema económico.
Hoy, el marco legal permite la acumulación indefinida de utilidades en reservas. No se trata de evasión. Se trata de un incentivo correctamente interpretado por las empresas.
Sin embargo, ese mismo incentivo genera un efecto no deseado: la economía retiene capital que podría dinamizar la actividad productiva o contribuir al financiamiento del Estado.
La propuesta de establecer un plazo —por ejemplo, de tres años— para definir el destino de las utilidades (distribución o capitalización) introduce un cambio estructural relevante.
Si se capitaliza, se fortalece la empresa sin impacto tributario inmediato.
Si se distribuye, se genera contribución fiscal (8% para empresas nacionales y 15% para extranjeras).
Y, sobre todo, se evita la acumulación pasiva indefinida.
El punto más sensible aparece en el tratamiento de las utilidades de empresas extranjeras.
Paraguay se ha consolidado como un destino atractivo para la inversión regional, particularmente de capitales brasileños. Pero sin reglas claras sobre la repatriación de utilidades, puede consolidarse un esquema donde el valor se genera en el país, pero se difiere o se traslada fiscalmente al exterior.
Esto no es un problema de las empresas. Es un problema de reglas.
El desafío del anteproyecto no debería centrarse exclusivamente en aumentar la recaudación en el corto plazo, sino en construir un equilibrio sostenible:
atraer inversión extranjera,
garantizar previsibilidad jurídica,
evitar distorsiones competitivas,
y asegurar que parte del valor generado contribuya efectivamente al desarrollo nacional.
Las economías modernas no castigan al capital.
Lo ordenan.
Paraguay tiene hoy la oportunidad de dar ese paso.
Dr. Gerardo Meza C.
Economista
Productor–Constructor de la Comunidad
“El Paraguay que queremos”