Paraguay: Debería apostar por la independencia energética y la competitividad.

En la actualidad el Paraguay importa el 100% del Petróleo y gas. procede de los paises que tienen un solo Líder (Autócrata), y en el caso nuestro ese porcentaje es del 100% del petróleo y gas importamos, cifras exclusivas (suficientes) para alterar el mercado.

La escalada de los precios del petróleo y gas, que se ha acelerado especialmente a raíz del ataque a Ucrania, ha disparado la factura energética de origen fósil de hogares y empresas en todo el país  y ha puesto a la economía del Paraguay  ante un reto urgente: asegurar su independencia energética y avanzar en la electrificación de la economía a partir de energías renovables. De Itaipu y Yacyreta-

En la actualidad, el 100% del petróleo y

del gas importamos, procede de los países que tienen un solo líder (Autócratas) y en el caso nuestro ese porcentaje es del 100%, cifras exclusivas (suficientes) para alterar el mercado. Y este petróleo y gas, utilizado en la “Masa matriz” de los transportes públicos y privados, es en estos momentos determinante a la hora de fijar el precio del petróleo y gas, hasta el punto de que el 45 % del incremento de esa subida que estaba experimentando se debió a la escalada de los precios del petróleo y gas. Por cada dólares  que sube esa materia prima, sube 1000 guaraníes o más el precio en el mercado minorista y mayorista, el famoso pool eléctrico.

La volatilidad de este hidrocarburo ha puesto de manifiesto la vulnerabilidad del modelo de la “Matriz energética”. Y si antes el país  tenía marcada una senda hacia la descarbonización, con la construcción de las binacionales ahora, con la última comunicación del Brasil, para que el Paraguay contrate la potencia de la energía que les corresponde como socio Condómino  lo ha dejado claro: hay que pisar el acelerador aún más. Un modelo que obliga a repensar la estrategia de suministro y acelerar la salida del petróleo gas, y electrificar la economía basada en fuentes renovables. De Itaipu y Yacyreta.

DESCARBONIZACIÓN

La opción no es otra que acelerar la transición energética que ya está en marcha y apostar de forma decidida por la descarbonización. Esa es la auténtica revolución que Paraguay  debería buscar  y  transformar la energía que debe mover el pais. La necesidad urgente de combatir el calentamiento global y apostar por la sostenibilidad del planeta ya eran argumentos que justificaban esta estratégica apuesta el Paraguay. Pero esos argumentos se ven ahora más reforzados con el estallido de las hostilidades. En este contexto, los fondos que el país moviliza para recuperarse del paso de la COVID-19 aparecen como una oportunidad para impulsar la transformación. Debemos utilizar nuestra energía hidroeléctrica de Itaipu y Yacyreta, del 100% de la energía que nos corresponde – se destinarán al objetivo de descarbonización en el horizonte del año 2030.

La previsión es que en 2030 el 90 % de todos los nuevos vehículos privados en el Paraguay sean eléctricos. Y que ese porcentaje crezca hasta el 100 % en 2035.

Paraguay tiene mucho que aportar en esta transición energética. No solo se trata de un país enormemente rico en fuentes renovables como las binacionales, también el viento y el sol, sino que ha decidido asumir el liderazgo investigador, que está propiciando que estas energías limpias sean cada vez más competitivas. La mejora constante de la tecnología en las últimas décadas ha permitido que la energía eólica se convirtiera ya en 2021 en la principal fuente de generación eléctrica, aportando el 23,3% de los kilovatios producidos. Y la energía procedente del sol se ha multiplicado también hasta suponer casi el 10% entre fotovoltaica y térmica. En estos momentos, la mitad de la energía eléctrica en Paraguay se genera ya con energías renovables, pero aún queda un largo camino por recorrer para alcanzar el objetivo de la descarbonización en 2035 .

ELECTRIFICACIÓN CON RENOVABLES

Pero esa descarbonización pasa por una electrificación intensa de la economía. Si la última década demostró ser la década de las energías renovables, está será la década de la electrificación. Y ocurrirá. El desafío está en hacerla más rápida y lo más extendida posible. Eso sí, electrificar el consumo final tanto como sea posible es una condición necesaria pero no suficiente: antes tenemos que haber realizado un despliegue masivo energías renovables.

Para alcanzar la meta de la electrificación, la transformación del transporte es básica y es una de las asignaturas pendiente que

Paraguay debe aprobar. En la actualidad el transporte representa el 100 % de las emisiones totales de gases de efecto invernadero. La sustitución de los vehículos de combustión por vehículos eléctricos en las próximas décadas será la clave para completar esta transformación. La previsión es que en 2030 el 67% de todos los nuevos vehículos privados en el Mercosur sean eléctricos. Y que ese porcentaje crezca hasta el 80% en 2050. En esa fecha, la participación de la electricidad en la demanda final de energía supondrá ya más del 70%.

Junto al coche eléctrico, los otros grandes retos de la electrificación para reducir la emisión de gases de efecto invernadero están en la industria, la agricultura y el sector residencial. Sustituir la utilización de combustibles fósiles para calefacción en los edificios por electricidad producida por renovables permitiría reducir casi el 10% de las emisiones. La electrificación es el gran reto, ambicioso pero posible, que consiste en la sustitución de todas estas tecnologías que usan combustibles fósiles para su funcionamiento por otras que utilizan electricidad producida con fuentes renovables de energía.

Y los beneficios de esta transformación son múltiples. En primer lugar, la electrificación permite asegurar el suministro de energía de forma segura y asequible, reduciendo la dependencia de fuentes y materias primas del exterior y con ello la volatilidad de los precios, dotándolos de mayor estabilidad. Permite además aumentar la eficiencia energética. Y sobre todo reduce los gases de efecto invernadero que produce la combustión de combustibles fósiles, mejorando con ello la calidad de aire y la salud de los ciudadanos y combatiendo el cambio climático que amenaza a nuestro planeta.

LIDERAZGO Del MERCOSUR

La apuesta por las energías limpias y la descarbonización de la economía va permitir a liderar esta nueva revolución mundial. América del Sur  está muy lejos de poder competir con Estados Unidos y China en otras nuevas tecnologías como pueden ser los semiconductores, incluso en el desarrollo de la hiperconectividad. Sin embargo, no hay ninguna duda de que Mercosur, con Paraguay puede  jugar un papel destacado, lidera la transformación energética y está en condiciones de ofrecer al mundo unas energías limpias y transformadoras con las que moverse y desarrollarse sin poner en riesgo la salud del planeta.

Talento y Liderazgo

Reflexionar sobre estos aspectos nos permitirán detectar, en nosotros y los otros, aspectos para mejorar. ser un Líder fuerte y emocionalmente inteligente requiere dosis iguales de autoconciencia, autogestión y humildad.

Cómo reconocer a un líder fuerte y con inteligencia emocional

El desafío de los conductores es encabezar equipos diversos en contextos de alta incertidumbre, donde lo urgente erosiona la energía que requiere lo importante. Cuáles son las dos habilidades clave para ser un líder sólido

No se trata del coeficiente intelectual (IQ) de un líder sino de considerar su coeficiente emocional como medida de las habilidades interpersonales y de comunicación que posee

No se trata del coeficiente intelectual (IQ) de un líder sino de considerar su coeficiente emocional como medida de las habilidades interpersonales y de comunicación que posee

Existen líderes que no son conscientes, no han desarrollado o no han llegado a transformar las habilidades que el mundo hoy demanda para enfrentar desafíos inesperados, constantes y rápidos. Si consideramos que las fortalezas y debilidades —sean físicas, mentales o emocionales— son situacionales, ante alguna circunstancia, o frente a determinados competidores o en algún momento particular, aquellos que fueron líderes fuertes en un momento podrían dejar de serlo en otro contexto.

Algo similar ocurre con los estándares de inteligencia: no se trata del coeficiente intelectual (IQ) de un líder sino de considerar su coeficiente emocional como medida de las habilidades interpersonales y de comunicación que posee. Especialmente hoy, donde la inteligencia artificial y la automatización de procesos generan interacciones menos humanas que antes, el coeficiente emocional (EQ) se convierte en un aspecto fundamental para liderar equipos y transformar las organizaciones.

Saber identificar a tiempo los comportamientos que denotan debilidad o falta de inteligencia emocional de los líderes le permitirá a toda organización dar un primer gran paso hacia su transformación positiva, evitando riesgos que puedan poner en jaque su futuro.

Una manera de identificar si una persona que ejerce un rol de liderazgo tiene baja inteligencia emocional es mediante el análisis de algunas de sus conductas o manifestaciones. Una de de ellas se refiere a la velocidad para juzgar y sacar conclusiones. Hoy todo es tan rápido que parece que debemos tomar (y esperar de otros que tomen) decisiones con gran velocidad. No siempre ser rápido es sinónimo de ser efectivo y, mucho menos, es un signo de inteligencia emocional. Las personas con bajo EQ suelen juzgar con velocidad porque no tienen una buena comprensión de cómo leer las emociones de otras personas, o incluso las propias. Además, debido a los que tienen esta tendencia a juzgar suelen ser impulsivos o negativos, tienden a percibir a otros (o a una situación) de forma negativa antes de darse el tiempo para evaluar el contexto de forma objetiva y precisa, lo que generará que tengan una visión distorsionada de la realidad, por lo que lo que harán y lo que dirán (o no harán o ni dirán) será consecuencia de esta interpretación acotada.

La velocidad e incertidumbre del contexto actual genera mucho nerviosismo y ansiedad. La ansiedad es una preocupación excesiva sobre el futuro. Más allá del estrés que todos podemos experimentar en algún momento, las personas que poseen un elevado EQ tienen la capacidad de buscar obtener una perspectiva de una situación, con información desde varios ángulos y practicar la atención plena antes de verse atrapados por el espiralado camino de la ansiedad.

Las personas con bajo EQ carecen de empatía. No tienden a escuchar las opiniones y pensamientos de los demás para poder considerar un punto de vista diferente.

Otro elemento que evidencia un bajo EQ es no saber aceptar críticas. Aunque todos decimos estar abiertos a las críticas constructivas, si cuando las recibimos sentimos enojo, nos cerramos o tratamos de justificar los hechos, es una clara evidencia de una baja inteligencia emocional. Solo las personas honestas, seguras de sí y con un EQ elevado pueden aceptar y procesar realmente las críticas, lo que les permitirá evaluar sus fortalezas y proponerse un camino de transformación en aquellos aspectos débiles.

¿Alguna vez han interactuado con alguna persona que parece no escuchar nuestros argumentos, y que va procesando su respuesta más allá de lo que les estamos diciendo? Las personas con bajo EQ carecen de empatía. No tienden a escuchar las opiniones y pensamientos de los demás para poder considerar un punto de vista diferente. Aquellos que poseen un mayor desarrollo emocional en los aspectos de escucha tienden a ser percibidos como líderes confiables, lo que redunda en una mayor satisfacción laboral y fomenta la creatividad de los equipos.

Hoy se habla de resiliencia como un valor fundamental de las organizaciones, entendiendo por ella a la capacidad que tiene una persona para superar un hecho o circunstancia traumáticas. Sabemos que parte de todo proceso de aprendizaje, especialmente cuando hablamos de innovación, las posibilidades de fallar son muy elevadas. Las personas con bajo EQ no son resilientes, ya que tienden a concentrarse más en los errores y tienen muchas más dificultades para recuperarse emocionalmente de un error, especialmente si el mismo los ha expuesto ante otros.

Aunque muchas personas tienden a clasificar como débil a un líder tímido, dócil, deferente o manso, lo cierto es que existen muchos líderes débiles que se muestran grandilocuentes, egocéntricos, dominantes o dictatoriales. Y aunque estos logren con éxito algunos de sus objetivos, si las personas no recurren a él o si no buscan la manera de estar en su equipo, estaremos ante una evidencia de un liderazgo débil.

La falta de visión o de estrategia es otra de las manifestaciones de debilidad. Los líderes débiles tienen la costumbre de no pensar más allá del hoy y, aunque puedan lidiar con problemas e inquietudes inmediatos, en general se sienten cómodos con el statu quo. Esta suerte de “miopía” hace que otros lo emulen y se centren en las tareas inmediatas en lugar de trabajar con una visión y planificación estratégica coherente y consistente.

El aislamiento sigue en la lista. Un líder que se mantiene inaccesible y no disponible, encerrado en su oficina (u aislado virtualmente) transmite un claro mensaje a los demás: no está dispuesto a participar. El mensaje se asocia más a un privilegio o como señal de inseguridad. De igual manera, es imposible concebir a un líder fuerte si es que posee pocas habilidades de comunicación. Si no puede comunicarse no puede conectarse con otros y, mucho menos, generar compromiso y transparencia. La capacidad de hablar, de escribir y, sobre todo, de escuchar activamente son habilidades esenciales de liderazgo. En esta línea, no menos relevante es la incapacidad de inspirar y de desarrollar a otros. Los líderes fuertes energizan e inspiran a los equipos para que alcancen niveles más altos de desempeño y potencial, mientras que los débiles no sólo no generan este efecto, sino que se enfocan únicamente en hacer el trabajo en lugar de usarlo como medio para que la gente desarrolle nuevas competencias y habilidades.

Otra evidencia de debilidad radica en el doble standard: los líderes débiles tienen la costumbre de decir una cosa y hacer otra

Otra evidencia de debilidad radica en el doble standard: los líderes débiles tienen la costumbre de decir una cosa y hacer otra, considerando que está bien establecer reglas para los demás, pero ellos se mantienen exentos de cumplirlas. Esta falta de consistencia es un factor importante en el liderazgo exitoso, y todo líder debe saber que las personas lo observan en cada paso y toman las señales de su comportamiento.

Finalmente, la resistencia al cambio. Toda organización, negocio —incluso podemos extenderlo a países— están en constante crecimiento y evolución. Los líderes que se resisten al cambio y la mejora pueden ser arrogantes, complacientes, o ambos. Creen que las cosas están bien como están y no están interesados en pasar al siguiente nivel o posicionarse para el futuro, lo que es un gran riesgo porque dejan la suerte de su organización en manos de las transformaciones que otros líderes harán. Hoy, no hacer nada o no mejorar es dejar nuestra suerte en manos de los que sí lo hacen.

Reflexionar sobre estos aspectos nos permitirán detectar, en nosotros y en los otros, aspectos para mejorar. Ser un líder fuerte y emocionalmente inteligente requiere dosis iguales de autoconciencia, autogestión y humildad.